El ministro de Consumo no es médico. Su madre, que fue ministra de Sanidad, tampoco es médico. Cua
El ministro de Consumo no es médico. Su madre, que fue ministra de Sanidad, tampoco es médico. Cuando nombraron a su madre ministra, el hoy ministro de Consumo y Prohibiciones tenía diez años. Igual eso le influyó y, aunque no es médico, se comporta como un nutricionista entusiasta, y está empeñado en que bajemos el porcentaje de grasas y azúcares, y pretender prohibir su presencia en las vitrinas automáticas.
Nada de productos procesados. Pero un croissant o un bollo, introducido en una bolsa de plástico, ya es un producto procesado. Y un dónuts, y unas galletas en lata, y una bolsa de patatas fritas.
En Soria puede haber protestas, porque a este paso, el ministro igual prohíbe los torreznos y, en Segovia, que se preparen por si el ministro considera que el cochinillo tiene demasiada grasa.
No soy partidario de consumir productos procesados, pero que un ministro, a la fuerza, ponga inconvenientes para que me compre un tarro de legumbres o una coca-cola con azúcar, me suena a dictadura alimentaria. A este paso, te pillan con un bocadillo de panceta y te podrán detener.